¿Qué dice la ciencia sobre el contacto cruzado con gluten en el colegio?

Ángela Lara Hernández. Diplomada en Nutrición Humana y Dietética.


La vuelta al cole plantea una pregunta muy concreta a las familias de niños con celiaquía:

Durante años, algunas recomendaciones se han basado más en la prudencia que en datos específicos sobre determinadas actividades. Sin embargo, cada vez disponemos de más información científica que permite diferenciar entre situaciones de mayor y menor riesgo.

Y esta distinción es importante.

Porque proteger a un niño con celiaquía no significa limitar innecesariamente su participación en la vida escolar. Significa identificar los riesgos reales y establecer medidas proporcionadas para prevenir el contacto cruzado.

Uno de los trabajos más interesantes sobre este tema evaluó de forma experimental la transferencia de gluten durante actividades habituales en las aulas.

El estudio incluyó 30 participantes de entre 2 y 18 años y analizó actividades como jugar con plastilina, cocinar con masa de trigo, realizar papel maché y manipular pasta seca o cocida. Para medir la transferencia, los investigadores utilizaron pan sin gluten como superficie de contacto y posteriormente determinaron la cantidad de gluten transferido mediante un ensayo ELISA. 

Los resultados fueron especialmente interesantes.

Las actividades con materiales secos, como la pasta seca utilizada en una mesa sensorial, mostraron una transferencia muy baja.

Con Play-Doh, por ejemplo, las muestras de pan sin gluten obtenidas después de que los niños jugaran con ella permanecieron por debajo de 20 ppm, salvo situaciones concretas en las que había restos visibles del material. 

En cambio, las actividades que implicaban harina de trigo y materiales húmedos o pegajosos presentaron una transferencia considerablemente mayor.

La elaboración de galletas fue especialmente significativa: prácticamente todas las muestras obtenidas después de la actividad superaron los 20 ppm de gluten. También se observó una transferencia importante en determinadas actividades de papel maché y con pasta cocida. 

Esto nos permite extraer una conclusión muy útil:

El riesgo de contacto cruzado depende de la actividad concreta y de cómo se manipulan los materiales.

No todas las situaciones escolares deben tratarse exactamente igual.

Un aspecto especialmente interesante del estudio fue la evaluación de diferentes métodos de limpieza.

Los investigadores observaron que el agua y jabón era, de forma consistente, uno de los métodos más eficaces para eliminar el gluten de las manos. 

Esto tiene una aplicación práctica inmediata en el colegio.

Después de una actividad en la que se hayan utilizado materiales con gluten, antes de manipular o consumir alimentos sin gluten, debe existir una rutina de higiene adecuada.

Las manos no son el único elemento a tener en cuenta.

Una mesa utilizada para una actividad con harina puede convertirse posteriormente en el lugar donde se coloca un bocadillo.

Ese cambio de actividad —de “trabajo escolar” a “momento de comer”— es precisamente uno de los escenarios donde debemos prestar atención al contacto cruzado.

El estudio citado también analizó la transferencia desde superficies y observó que la limpieza podía reducirla, aunque los resultados variaban según el método empleado y la actividad realizada. 

No necesariamente.

Y esta es una de las conclusiones más importantes.

El objetivo no debería ser excluir automáticamente al niño de todas las actividades, sino analizar cada situación y adoptar las medidas necesarias para que pueda participar de manera segura.

Las recomendaciones escolares especializadas plantean precisamente medidas como evitar el uso de gluten cuando sea posible en proyectos y actividades, proporcionar alternativas sin gluten en actividades con comida y establecer estrategias específicas para reducir el riesgo de exposición. 

Para una familia que acaba de recibir un diagnóstico de celiaquía, el colegio puede parecer un lugar lleno de peligros invisibles.

La investigación nos permite sustituir parte de ese miedo por conocimiento.

Sabemos que determinadas actividades tienen un riesgo mayor de contacto cruzado. Sabemos también que otras presentan una transferencia muy baja y que medidas sencillas como el lavado de manos y la limpieza de superficies pueden ayudar a reducirla.

Por eso, la conversación con el colegio debería plantearse desde la colaboración:

¿Dónde puede producirse contacto cruzado? ¿Cómo podemos prevenirlo? ¿Qué alternativa podemos utilizar?

En lugar de:

“¿Qué cosas no puede hacer?”

La evidencia científica disponible todavía tiene limitaciones y no permite establecer una regla universal para todas las situaciones escolares. El propio estudio experimental reconoce limitaciones relacionadas con el tamaño de la muestra y señala que son necesarios más estudios. 

Pero sí nos ofrece una idea fundamental:

prevenir el contacto cruzado no consiste en eliminar la vida escolar, sino en identificar las situaciones de riesgo y aplicar medidas eficaces y razonables.

Así, la vuelta al cole puede ser segura sin dejar de ser divertida, educativa e inclusiva.

  1. Luque V, Crespo-Escobar P, Hård af Segerstad EM, et al. Gluten-free diet for pediatric patients with coeliac disease: A position paper from the ESPGHAN gastroenterology committee, special interest group in coeliac diseaseJournal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition. 2024;78:973–995. DOI: 10.1002/jpn3.12079. 
  2. Weisbrod VM, et al. A Quantitative Assessment of Gluten Cross-Contact in the School Environment for Children with Celiac DiseaseJournal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition. Estudio sobre transferencia de gluten durante actividades escolares. 
  3. Celiac Disease Foundation. Celiac School Action Guidelines for Education: Preventing Cross-Contact. Recomendaciones para reducir el riesgo de exposición al gluten en entornos educativos.

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