Vuelta al cole sin gluten: cómo empezar el curso con tranquilidad

Ángela Lara Hernández. Diplomada en Nutrición Humana y Dietética.


La vuelta al cole siempre llega cargada de ilusión, nuevos horarios, libros, actividades y reencuentros. Pero cuando un niño o una niña padece celiaquía, septiembre también puede traer algunas preocupaciones adicionales: ¿qué comerá en el recreo?, ¿cómo se organizará el comedor?, ¿qué ocurrirá en las actividades de cocina?, ¿se acordarán todos de evitar el contacto cruzado?

La buena noticia es que una vuelta al cole segura no tiene por qué convertirse en una fuente de ansiedad. Con planificación, comunicación y unas rutinas sencillas, el niño/a puede participar plenamente en la vida escolar mientras se mantiene una alimentación estrictamente sin gluten.

El objetivo no es tener miedo al gluten, sino saber prevenir el contacto cruzado

Cuando hablamos de celiaquía, eliminar el gluten de la alimentación es imprescindible. Pero no basta con elegir un alimento que indique “sin gluten” si durante su preparación, manipulación o servicio ha entrado en contacto con gluten.

Eso es precisamente el contacto cruzado: una transferencia involuntaria de gluten desde un alimento, utensilio, superficie o manos que contienen gluten hasta un alimento que debería ser sin gluten.

Por eso, en la vuelta al cole conviene mirar un poco más allá del contenido de la fiambrera.

La mochila también necesita un pequeño plan

Antes de comenzar el curso podemos hablar con el centro educativo y explicar las necesidades del niño.

No se trata de pedir que todo el colegio sea sin gluten, sino de establecer unas medidas claras para aquellos momentos en los que pueda existir contacto cruzado.

Algunos aspectos que merece la pena revisar son:

  • El funcionamiento del comedor escolar. 
  • Dónde y cómo se prepara y sirve la comida sin gluten. 
  • Qué ocurre durante cumpleaños y celebraciones. 
  • Las manualidades que utilizan productos con trigo. 
  • Las excursiones y salidas. 
  • El lugar donde se come el almuerzo o la merienda. 
  • La higiene de manos antes de comer. 
  • La limpieza de las superficies donde se van a colocar alimentos sin gluten. 

Las recomendaciones elaboradas para el entorno escolar también aconsejan planificar con antelación las actividades que impliquen alimentos y ofrecer alternativas adecuadas para los alumnos con celiaquía. 

El recreo: un momento sencillo que merece atención

El recreo puede parecer uno de los momentos más fáciles, pero también es una situación en la que el contacto cruzado puede aparecer de manera muy natural.

Un niño puede tocar un alimento con gluten, compartir utensilios o simplemente manipular comida de otro compañero y, poco después, coger su propio bocadillo.

Por eso, una rutina tan sencilla como lavarse las manos con agua y jabón antes de comer puede convertirse en una gran aliada.

También es importante enseñar a los niños, siempre adaptándonos a su edad, que no deben compartir alimentos si no conocen con seguridad que son sin gluten.

La educación es fundamental: el objetivo no es que el niño tenga miedo de la comida de los demás, sino que aprenda poco a poco a identificar situaciones de riesgo.

Y llega septiembre… con sus fiestas y cumpleaños

En los primeros días de curso suelen aparecer celebraciones, meriendas, cumpleaños y actividades especiales.

Aquí la planificación vuelve a ser clave.

Una buena idea es acordar con el centro cómo se gestionarán estas situaciones y, cuando sea necesario, tener una alternativa sin gluten preparada. Así, el niño no tendrá que quedarse al margen mientras sus compañeros disfrutan.

La inclusión también forma parte de una alimentación segura.

¿Y las actividades de clase?

Aquí encontramos un aspecto que a veces pasa desapercibido.

El gluten no aparece únicamente en los alimentos que se comen.

Algunas actividades escolares pueden utilizar harina de trigo, masas, pasta o materiales que contienen trigo. La investigación realizada sobre actividades escolares ha demostrado que determinadas tareas, especialmente aquellas que utilizan materiales húmedos o pegajosos con trigo, pueden favorecer una transferencia significativa de gluten. 

Por eso, cuando se planifique una actividad de este tipo, es recomendable hablar previamente con el centro y buscar una alternativa segura cuando sea posible.

Una vuelta al cole más tranquila empieza antes de septiembre

La mejor estrategia no consiste en improvisar cuando aparece un problema.

Consiste en anticiparse.

Hablar con el colegio, explicar qué es el contacto cruzado, establecer unas rutinas sencillas y enseñar al niño a participar progresivamente en el cuidado de su alimentación hará que el curso sea mucho más sencillo.

Porque una vuelta al cole sin gluten no debería significar una vuelta al cole con más limitaciones.

El objetivo es que cada niño pueda aprender, jugar, celebrar y compartir con sus compañeros con la mayor normalidad posible, minimizando el riesgo de contacto cruzado.

Otros artículos que podrían interesarte…